El
movimiento de mayo de 1968 encuentra su antecedente histórico en la Comuna de
París. Los obreros franceses dejaron sentados los principios autogestionarios:
sujeción a las decisiones de los consejos y las asambleas, que habrían de servir
de base a las organizaciones estudiantiles un siglo más tarde.
El mayo
del 68 fue el crisol en el que se fundieron todos los síntomas del malestar que
arrastraba la sociedad francesa.
Por una
parte, nace una nueva conciencia social de determinados sectores de las clases
medias, que fueron atraídas por las tesis tercermundistas desde el conflicto de
Argelia. Nueva conciencia social que creció durante la guerra de Vietnam. Por
otra parte, el creciente distanciamiento de amplios sectores de la sociedad francesa
con el régimen del general De Gaulle.
El 3 de
mayo de 1968 la Universidad de La Sorbona bullía por la agitación. Los
estudiantes invadieron el Barrio Latino. En la noche del 3 al 4 de mayo, las
calles se llenaron de barricadas y se dieron los primeros enfrentamientos con
la Policía.
Ante la
persistencia de la rebelión estudiantil, el 13 de mayo las centrales sindicales
llamaron a una huelga general bajo el lema: “Alto a la represión. Libertad.
Democracia. ¡Viva la unión de obreros y estudiantes!”. Se abría de esta forma
una nueva dinámica, en la que muchos sectores obreros se incorporaban a las
protestas iniciadas por los estudiantes.
Para el
20 de mayo, Francia se encontraba paralizada. Se produjo entonces un vacío de
poder. El Gobierno y los partidos políticos tradicionales se vieron desbordados
por una situación cuyas raíces y dimensiones no terminaban de asimilar.
A finales
de mayo de 1968, sindicatos, organizaciones empresariales y gobierno firmaron
los Acuerdos de Grenelle, que recogían la aprobación de nuevos salarios mínimos
y el reconocimiento de ciertos derechos sindicales. En los siguientes días el
presidente De Gaulle disolvió la Asamblea Nacional y convocó a elecciones, para
salir del vacío de poder.
El
movimiento de mayo de 1968 no pudo culminar en una revolución, dado que no se
produjo un cambio radical del viejo orden político e institucional. Sin
embargo, cambió pautas de comportamiento, introdujo nuevos valores, reconoció
derechos de la mujer, disminuyó el autoritarismo en la enseñanza.
Muchas
frases aparecieron en las paredes de las calles de París en aquellos días.
Transcribimos unas pocas:
“La
barricada cierra la calle, pero abre el camino”.
“La
burguesía no tiene más placer que el de degradarlos todos”.
“Consuma
más. Vivirá menos”.
“Queremos tener el placer de vivir y nunca más el mal de vivir”.
“Queremos tener el placer de vivir y nunca más el mal de vivir”.
Han
quedado en la memoria como símbolos de esperanza, de energía joven, de voluntad
libertaria.

