Venían de pintar, habían pintado paredes toda la
tarde-noche, usaban cal y ferrite rojo o negro para las letras, las consignas
no eran muchas, había que defender la democracia, había que parar a los
violentos y ellos usaban las armas que tenían para hacerlo, la brocha y la
palabra. Pintaban por el mantenimiento de las libertades y el mantenimiento del
orden institucional, las fuerzas armadas se mantenían en un estado deliberativo
a los ojos del pueblo, los grupos para-militares y para-policiales seguían
alentando el enfrentamiento, secuestrando y matando a militantes políticos y
sindicales, reventando locales todos los días.
En operativos de razia, la policía y el ejército
detenían a trabajadores o estudiantes en sus reuniones, a pocos días habían probado
mucha sangre en Viejo Bueno y tenían el decreto de aniquilamiento… y ellos pintaban…
Pintaban paredes de fábricas por la patria socialista, contra la represión a
las luchas obreras y estudiantiles, por la aparición de los compañeros, para
que cesen los ataques a los locales partidarios… Contra la caza de brujas… y
todavía no llegaba lo peor.
Doblaron la esquina y un Falcón verde, clava los
frenos en la ochava, se abren las
puertas que dan a la vereda, la esquina: Humberto 1º y México – Villa Porvenir
– Piñeyro – Avellaneda – Enero de 1976 – 22:00 horas – Daniel (19) – Miguel
(21)…
- Alto, quietos ahí…!!! (Dos hombres con armas largas,
bajan y gritan…)
Se quedaron congelados en el lugar y en un instante
mas, los empujaban contra la persiana de un negocio en la esquina, la que
flamea por el impacto de los cuerpos contra ella.
- No miren, contra la pared, decían, siendo la
persiana todo lo que había, Miguel gira y atisba a decir algo, siempre tan
ocurrente, tal vez, -¿Qué pared? Pero no puede porque de un culatazo le
enderezan la cara, contra la cortina metálica.
-Documentos, ¿de dónde vienen?.
-¡De trabajar! Dice Miguel fuerte y claro, aunque algo
quebrado por el dolor del golpe.
-¿De qué trabajan?
Y Daniel el empleado, el ayudante de contador, el
estudiante que miraba hacia la persiana y veía sus manos llenas de cal y
ferrite, responde:
-Pintores, somos pintores…
Se produjo un silencio eterno de pocos segundo pero
eterno, donde la agudeza de sus sentidos se exacerbo con el ruido de las
correas y el cerrojo de las armas, hasta que el ruido de las puertas del coche
y la voz ronca les gritaba:
-Circulen, circulen… y el chirriar de los neumáticos fue el
corolario y la música que les volvió el alma al cuerpo y el corazón a palpitar
ahora en sus gargantas.
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