miércoles, 8 de mayo de 2013

Venían de pintar

Venían de pintar



Venían de pintar, habían pintado paredes toda la tarde-noche, usaban cal y ferrite rojo o negro para las letras, las consignas no eran muchas, había que defender la democracia, había que parar a los violentos y ellos usaban las armas que tenían para hacerlo, la brocha y la palabra. Pintaban por el mantenimiento de las libertades y el mantenimiento del orden institucional, las fuerzas armadas se mantenían en un estado deliberativo a los ojos del pueblo, los grupos para-militares y para-policiales seguían alentando el enfrentamiento, secuestrando y matando a militantes políticos y sindicales, reventando locales todos los días.
En operativos de razia, la policía y el ejército detenían a trabajadores o estudiantes en sus reuniones, a pocos días habían probado mucha sangre en Viejo Bueno y tenían el decreto de aniquilamiento… y ellos pintaban… Pintaban paredes de fábricas por la patria socialista, contra la represión a las luchas obreras y estudiantiles, por la aparición de los compañeros, para que cesen los ataques a los locales partidarios… Contra la caza de brujas… y todavía no llegaba lo peor.
Doblaron la esquina y un Falcón verde, clava los frenos en la ochava,  se abren las puertas que dan a la vereda, la esquina: Humberto 1º y México – Villa Porvenir – Piñeyro – Avellaneda – Enero de 1976 – 22:00 horas – Daniel (19) – Miguel (21)…
- Alto, quietos ahí…!!! (Dos hombres con armas largas, bajan y gritan…)
Se quedaron congelados en el lugar y en un instante mas, los empujaban contra la persiana de un negocio en la esquina, la que flamea por el impacto de los cuerpos contra ella.
- No miren, contra la pared, decían, siendo la persiana todo lo que había, Miguel gira y atisba a decir algo, siempre tan ocurrente, tal vez, -¿Qué pared? Pero no puede porque de un culatazo le enderezan la cara, contra la cortina metálica.
-Documentos, ¿de dónde vienen?.
-¡De trabajar! Dice Miguel fuerte y claro, aunque algo quebrado por el dolor del golpe.
-¿De qué trabajan?
Y Daniel el empleado, el ayudante de contador, el estudiante que miraba hacia la persiana y veía sus manos llenas de cal y ferrite, responde:
-Pintores, somos pintores…
Se produjo un silencio eterno de pocos segundo pero eterno, donde la agudeza de sus sentidos se exacerbo con el ruido de las correas y el cerrojo de las armas, hasta que el ruido de las puertas del coche y la voz ronca les gritaba:
-Circulen, circulen…  y el chirriar de los neumáticos fue el corolario y la música que les volvió el alma al cuerpo y el corazón a palpitar ahora en sus gargantas.

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