lunes, 13 de mayo de 2013

El mayo francés de 1968



El movimiento de mayo de 1968 encuentra su antecedente histórico en la Comuna de París. Los obreros franceses dejaron sentados los principios autogestionarios: sujeción a las decisiones de los consejos y las asambleas, que habrían de servir de base a las organizaciones estudiantiles un siglo más tarde.
El mayo del 68 fue el crisol en el que se fundieron todos los síntomas del malestar que arrastraba la sociedad francesa.
Por una parte, nace una nueva conciencia social de determinados sectores de las clases medias, que fueron atraídas por las tesis tercermundistas desde el conflicto de Argelia. Nueva conciencia social que creció durante la guerra de Vietnam. Por otra parte, el creciente distanciamiento de amplios sectores de la sociedad francesa con el régimen del general De Gaulle.
El 3 de mayo de 1968 la Universidad de La Sorbona bullía por la agitación. Los estudiantes invadieron el Barrio Latino. En la noche del 3 al 4 de mayo, las calles se llenaron de barricadas y se dieron los primeros enfrentamientos con la Policía.
Ante la persistencia de la rebelión estudiantil, el 13 de mayo las centrales sindicales llamaron a una huelga general bajo el lema: “Alto a la represión. Libertad. Democracia. ¡Viva la unión de obreros y estudiantes!”. Se abría de esta forma una nueva dinámica, en la que muchos sectores obreros se incorporaban a las protestas iniciadas por los estudiantes.
Para el 20 de mayo, Francia se encontraba paralizada. Se produjo entonces un vacío de poder. El Gobierno y los partidos políticos tradicionales se vieron desbordados por una situación cuyas raíces y dimensiones no terminaban de asimilar.
A finales de mayo de 1968, sindicatos, organizaciones empresariales y gobierno firmaron los Acuerdos de Grenelle, que recogían la aprobación de nuevos salarios mínimos y el reconocimiento de ciertos derechos sindicales. En los siguientes días el presidente De Gaulle disolvió la Asamblea Nacional y convocó a elecciones, para salir del vacío de poder.
El movimiento de mayo de 1968 no pudo culminar en una revolución, dado que no se produjo un cambio radical del viejo orden político e institucional. Sin embargo, cambió pautas de comportamiento, introdujo nuevos valores, reconoció derechos de la mujer, disminuyó el autoritarismo en la enseñanza.
Muchas frases aparecieron en las paredes de las calles de París en aquellos días. Transcribimos unas pocas:
“La barricada cierra la calle, pero abre el camino”.
“La burguesía no tiene más placer que el de degradarlos todos”.
“Consuma más. Vivirá menos”.
“Queremos tener el placer de vivir y nunca más el mal de vivir”.
Han quedado en la memoria como símbolos de esperanza, de energía joven, de voluntad libertaria.

sábado, 11 de mayo de 2013



VERISSIMO, LUIS FERNANDO: BROMA



Todo comenzó como una broma. Llamó por teléfono a un amigo y le dijo:

—Lo sé todo.

Después de un silencio, el amigo respondió:

Cómo lo sabes?

—Eso no importa. Lo sé todo.

—Hazme un favor. No lo cuentes por ahí.

—Lo pensaré.

—¡Por el amor de Dios!

—Esta bien, pero ten cuidado.

Descubrió que tenía poder sobre las personas.

—Lo sé todo.

—¿Co… cómo?

—Lo sé todo.

—¿Todo el qué?

—Tú lo sabes bien.

—Pero es imposible. ¿Cómo lo has descubierto?

La reacción de las personas variaba. Algunas preguntaban en seguida:

—¿Alguien más lo sabe?

Otras se volvían agresivas:

—Está bien. Lo sabes. ¿Y qué?

—Nada. Solo quería que supieras que lo sé.

—Si se lo cuentas a alguien, yo…

—Depende de ti.

—¿De mí, cómo?

Si te portas bien, no lo contaré.

—Está bien.

Una vez, parecía que había encontrado a un inocente:

—Lo sé todo.

—¿Todo, el qué?

—Ya sabes.

—No, no sé. ¿Qué es lo que sabes?

—No te hagas el ingenuo.

—Pero no sé de qué me hablas.

—No me vengas con esas.

—Tú no sabes nada.

—Ah, eso quiere decir que hay alguna cosa para saber, pero que yo no la sé, ¿no?

—No hay nada.

—Mira que lo voy a contar por ahí…

—Puedes contarlo, que es mentira.

—¿Cómo sabes lo que voy a contar?

—Cualquier cosa que cuentes será mentira.

—Está bien. Lo contaré.

Pero al poco tiempo, recibió una llamada.

—Escucha. Lo pensé mejor. No cuentes nada sobre eso.

—¿Sobre “eso”?

—Sí, ya sabes…

Pasó a ser temido y respetado. Siempre había alguien que se le acercaba y le decía susurrando:

—¿Se lo has contado a alguien?

—Todavía no.

—Joder, gracias.

Con el paso del tiempo, ganó reputación. Era una persona en la que se podía confiar. Un día, un amigo le ofreció un trabajo con un gran sueldo.

—¿Por qué yo? —quiso saber.

—El trabajo conlleva muchas responsabilidades —dijo el amigo—. He decidido recomendarte.

—Pero, ¿por qué?

—Por tu discreción.

Comenzó a ganar prestigio. Se decía que lo sabía todo de todos pero que nunca abría la boca para hablar de nadie. Además de estar siempre bien informado, era un gentleman. Hasta que un día, recibió una llamada. Una voz misteriosa que dijo:

—Lo sé todo.

—¿Co… cómo?

—Lo sé todo.

—¿Todo el qué?

—Ya sabes...

Decidió largarse. Se fue de la ciudad. Los amigos se sorprendieron por su repentina desaparición. Decidieron investigar. ¿Qué estaría tramando? Finalmente, fue descubierto en una playa lejana. Los vecinos cuentan que una noche vieron llegar muchos coches que rodearon la casa. Varias personas entraron. Se oyeron gritos. Los vecinos cuentan que la voz que más se oía era la de él, gritando:

—¡Era broma! ¡Era broma!

Fue descubierto a la mañana siguiente, asesinado. El crimen nunca fue esclarecido. Pero las personas que lo conocían, no tenían dudas sobre el motivo.

Sabía demasiado.


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Luis Fernando Veríssimo (Porto Alegre, Rio Grande do Sul, 26 de septiembre de 1936) es un escritorbrasileño, hijo del escritor brasileño Erico Veríssimo y vivió con su padre en los Estados Unidos durante su niñez. Dice que probó muchas cosas antes de escribir. En una lectura para los estudiantes de periodismo en Unisinos, Veríssimo dijo que "a la edad de 31 y dándome cuenta de que no había trabajado en nada, decidí probar como escritor, luego de una invitación del Jornal Zero Hora (de Porto Alegre)". Muchos de sus trabajos tienen un tono humorístico yescribe para programas de televisión.


Veríssimo es un gran admirador del jazz y toca el saxofón en una banda llamada Jazz 6. Como muchos intelectuales brasileños, disfruta de la cultura de Rio de Janeiro. Veríssimo es un crítico del ala derecha de políticos, especialmente del ex-presidente, Fernando Henrique Cardoso.
Veríssimo se casó con Lúcia Helena Massa en 1964, y tienen tres hijos: Fernanda, periodista; Mariana, escritora y Pedro, músico. Vive con su esposa en Porto Alegre.

miércoles, 8 de mayo de 2013

¡Evita militante!

El peronismo no se aprende ni se proclama, se comprende y se siente, ha dicho Perón.

Por eso es convicción y es fe. Es convicción porque nace y se nutre en el análisis de los hechos, en la razón de sus causas y de sus consecuencias. Tiene el empuje y la dinámica de la historia en marcha. Es la conciencia hecha justicia que reclama la humanidad de nuestros días. Es trabajo, es sacrificio y es amor, amor al prójimo. Es la fe popular hecha partido en torno a una causa de esperanza que faltaba en la Patria y que hoy proclama el pueblo en mil voces distintas en procura de una libertad efectiva nunca alcanzada, a pesar del dolor y del esfuerzo de este glorioso pueblo de descamisados.
Cómo las mujeres argentinas podrían desertar de esta causa de todos?

En la lucha todos tenemos un puesto y esta es una lucha abierta por el ser o no ser de la Argentina. Luchamos por la independencia y la soberanía de la Patria, por la dignidad de nuestros hijos y de nuestros padres, por el honor de una bandera y por la felicidad de un pueblo escarnecido y sacrificado en aras de una avaricia y un egoísmo que no nos han traído sino dolores y luchas estériles y destructivas.

Si el pueblo fuera feliz y la Patria grande, ser peronista sería un derecho; en nuestros días, ser peronista es un deber. Por eso soy peronista.

Soy peronista, entonces, por conciencia nacional, por procedencia popular, por convicción personal y por apasionada solidaridad y gratitud a mi pueblo, vivificado y actuante otra vez por el renacimiento de sus valores espirituales y la capacidad realizadora de su jefe: el general Perón. Mi dignidad de argentina y mi conciencia de ciudadana se sublevó ante una patria vendida, vilipendiada, mendicante ante los mercaderes del templo de las soberanías y entregada año tras año, gobierno tras gobierno, a los apetitos foráneos del capitalismo sin patria y sin bandera.

Mi solidaridad con el pueblo, cuya callada epopeya he sentido en mi carne y he sufrido en mi sensibilidad, reafirma mi peronismo. Porque he vivido los problemas del movimiento, su difícil gestación, su desenvolvimiento y la victoria final de la Revolución y porque he pulsado el amor apasionado que el general Perón alienta por su pueblo y por sus vanguardias descamisadas, es que me he convertido en humilde de esta causa del pueblo, un soldado con una fe inquebrantable en el éxito y con un deseo irrefrenable de quemar mi vida para alumbrar el camino de la liberación popular.

Soy peronista porque veo al general Perón levantarse al amanecer y agotar su salud en interminables jornadas para proveer al bienestar de su pueblo; soy peronista porque gradúo con su fatiga la felicidad de su espíritu por llevar alegría y dignidad a los trabajadores argentinos; soy peronista porque me ha sido concedida la felicidad de compartir sus luchas, de sufrir sus olores de vivir sus alegrías y de alimentar sus esperanzas, en un futuro mejor para todos los que trabajan y para todos los desvalidos, de quienes nadie se acordó hasta que él llamó al pueblo a la realidad de nuestra patria. Soy peronista, en fin, por convicción y por sentimiento, por confianza en la bondad y en los esfuerzos de los descamisados, en esta lucha por la total independencia económica de la Patria, por nuestra completa liberación y por nuestra absoluta y limpia soberanía.


Este peronismo mío se ha retemplado en la lucha, se alimenta de ella y se afirma en la fe. Tiene la fuerza incontenible de las causas justas. Se ha forjado en la dignificación del trabajo, en la humanización del capital, en la protección al desvalido, en la prodigiosa multiplicación de escuelas y hospitales, en la potencialidad de las fábricas levantadas por la Revolución, en las mejoras al obrero del campo. Este peronismo mío se ha forjado y se afirma en este mismo lenguaje, que uso para definirlo, que es lenguaje de pueblo y que choca y desagrada a los que usan el lenguaje de la mentira coligada. En este mismo lenguaje, como lo hago ahora, seguiré hablando a los descamisados de mi patria desde las columnas de "Democracia".

Eva Perón


che guevara

Venían de pintar

Venían de pintar



Venían de pintar, habían pintado paredes toda la tarde-noche, usaban cal y ferrite rojo o negro para las letras, las consignas no eran muchas, había que defender la democracia, había que parar a los violentos y ellos usaban las armas que tenían para hacerlo, la brocha y la palabra. Pintaban por el mantenimiento de las libertades y el mantenimiento del orden institucional, las fuerzas armadas se mantenían en un estado deliberativo a los ojos del pueblo, los grupos para-militares y para-policiales seguían alentando el enfrentamiento, secuestrando y matando a militantes políticos y sindicales, reventando locales todos los días.
En operativos de razia, la policía y el ejército detenían a trabajadores o estudiantes en sus reuniones, a pocos días habían probado mucha sangre en Viejo Bueno y tenían el decreto de aniquilamiento… y ellos pintaban… Pintaban paredes de fábricas por la patria socialista, contra la represión a las luchas obreras y estudiantiles, por la aparición de los compañeros, para que cesen los ataques a los locales partidarios… Contra la caza de brujas… y todavía no llegaba lo peor.
Doblaron la esquina y un Falcón verde, clava los frenos en la ochava,  se abren las puertas que dan a la vereda, la esquina: Humberto 1º y México – Villa Porvenir – Piñeyro – Avellaneda – Enero de 1976 – 22:00 horas – Daniel (19) – Miguel (21)…
- Alto, quietos ahí…!!! (Dos hombres con armas largas, bajan y gritan…)
Se quedaron congelados en el lugar y en un instante mas, los empujaban contra la persiana de un negocio en la esquina, la que flamea por el impacto de los cuerpos contra ella.
- No miren, contra la pared, decían, siendo la persiana todo lo que había, Miguel gira y atisba a decir algo, siempre tan ocurrente, tal vez, -¿Qué pared? Pero no puede porque de un culatazo le enderezan la cara, contra la cortina metálica.
-Documentos, ¿de dónde vienen?.
-¡De trabajar! Dice Miguel fuerte y claro, aunque algo quebrado por el dolor del golpe.
-¿De qué trabajan?
Y Daniel el empleado, el ayudante de contador, el estudiante que miraba hacia la persiana y veía sus manos llenas de cal y ferrite, responde:
-Pintores, somos pintores…
Se produjo un silencio eterno de pocos segundo pero eterno, donde la agudeza de sus sentidos se exacerbo con el ruido de las correas y el cerrojo de las armas, hasta que el ruido de las puertas del coche y la voz ronca les gritaba:
-Circulen, circulen…  y el chirriar de los neumáticos fue el corolario y la música que les volvió el alma al cuerpo y el corazón a palpitar ahora en sus gargantas.